martes, 28 de febrero de 2012

LA RUBIA Y EL JUBILADO.

Hoy he sabido de unos amigos. He sentido cómo parte de mí se apagaba y encendía, así, de forma intermitente, porque un mínimo atisbo de tristeza alternaba con el de la esperanza.

Y eso, amigo mio, muy pocos lo consiguen. Has ido y has venido. Has encontrado a tu dulce compañera de viaje. A tu musa, a tu amiga e inquieta " parteneaire" de sueños y vida.

Y me habeis provocado envidia, admiración y emoción. Habéis hecho que vuelva a mirar por la ventana, pues hacía tiempo que pese a ver la luz que asomaba por mi habitual espacio, hacía falta algo, no sentir por una misma, sino" a través de". Qué egoista sentir el no querer sentir por iniciativa propia. La necesidad del náugrafo al tirar la botella con el mensaje sin saber quién recogerá la misiva, pero saber que alguien lo leerá, es lo más parecido a lo descrito.

 Y hoy, me he sentido un poco vosotros. Por la dureza que implica aquello que no hace falta pronunciar y que arranca el miedo de cualquiera, la entraña al sentido y el escrúpulo al cruel. Hoy soy el papel mojado que se deja arrastrar, viendo el mar y dejándose llevar por la corriente, aunque está encerrado, sin salir, viendo un horizonte al que nunca llega y no hay destinatario. Pero, hay un horizonte.

 Esa mirada, tu bonita mirada a la par que asustadiza ,quizás la reivindicación del " aqui estoy yo" ,me hizo saber algo más de mi, gracias a ti. Te lo escribí ya y aquí lo remarco, y es que,a  lo poco que aspiro, en menester de vida y sentimiento, es a que algún dia pueda mirar como tú lo haces. Con aplomo, franqueza y la profundidad de la diva, cansada, pero diva al fin y al cabo.

 Querida mia, hay estrellas que nunca se apagan.